Descubriendo al Intérprete médico-sanitario


Ya había avisado en la entrada anterior que iba a seguir hablando del ámbito médico-sanitario en los Servicios Públicos porque me quedaron algunos aspectos interesantes sueltos. Por eso, hoy escribo exclusivamente sobre el Intérprete especializado en esta rama y así ¡no se m’escapa na’!

Lo primero que hay que definir son las modalidades de interpretación que priman en este ámbito: sin duda alguna, la interpretación bilateral es más común que la consecutiva ya que esta última se da solo en casos aislados (conferencias, reuniones o encuentros, alguna visita guiada por centros sanitarios…). Como puede verse, aquí no hay sitio para la interpretación simultánea ni para la de susurro.

Al haber principalmente bilaterales en este ámbito tan precioso, es necesario manejar perfectamente los dos idiomas de trabajo (no queda bonito dejar al usuario o al proveedor de los servicios “a medias”). Este detallín supone “complicaciones añadidas” porque llegado el momento hay que estar bastante concentrado para hablar en el idioma correspondiente a la persona correspondiente, SIN mezclar (esto es un reto, ¡eh!). No obstante, también es cierto que apenas es necesaria la toma de notas así que la concentración se focaliza de lleno en el diálogo.

Y ahora, imaginemos que estamos en una consulta médica, ya adentrados en la propia interpretación… ¿qué persona utilizamos? La respuesta a esta pregunta es algo polémica porque hay opiniones al respecto de todo tipo. La mayoría de los expertos recomienda hablar en primera persona del singular así que si al paciente le duele la tripa, a ti también te duele. Esto es muy curioso porque si cambiamos de ámbito y nos vamos al penal… ahí cuesta más utilizar la primera persona, ¿no? (“yo he matado a mi marido y me he dado a la fuga”). Nada nada, que cada ámbito es un mundo así que esta regla del sanitario no es siempre aplicable a otros.

Respecto al uso de la primera persona, hay otro tema polémico muy relacionado: el lugar del intérprete al realizar su interpretación en una consulta. Lo más recomendable es situarse entre el médico y el paciente para que haya un contacto directo de ambos sin que esta tercera figura interfiera en él. Lo que se pretende con esto, al igual que con el uso de la primera persona, es fomentar la relación de los dos implicados en el diálogo, haciendo que el intérprete pase desapercibido.

Precisamente este contacto directo es el que provoca un gran impacto psicológico sobre el intérprete que, por desgracia, apenas nadie tiene en cuenta… Desde fuera se ignoran las situaciones de dureza a las que se puede llegar a enfrentar el profesional de este ámbito. A ver si con el tiempo se tiene algo más de consideración sobre este y se toman medidas al respecto con cursillos y demás.

En fin, ¡otra entrada que se me ha quedado corta! Haré una tercera parte a ver si ya ¡“va la vencida”!

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