Errores (y de los gordos) al tratar a pacientes extranjeros (I)

¡Buenos días, compañeros! Acabado ya el periodo vacacional y de vuelta a la rutina (espero que no se os caigan las lágrimas leyendo esto), me gustaría compartir con vosotros algunas conclusiones que extraje de una investigación que realicé sobre los factores que influyen en la comunicación entre el personal sanitario y los pacientes extranjeros y que, curiosamente, he podido corroborar hace unos días en una visita al hospital.

Antes de hablar de los errores más comunes que comete el personal sanitario al tratar a pacientes extranjeros, me gustaría matizar que, aunque las afirmaciones que voy a hacer no pueden extenderse a todos los médicos, auxiliares, enfermeros, administrativos, etc., sí que es un reflejo de los resultados generales obtenidos de un número relevante de cuestionarios. Gracias a los mismos, pude detectar los siguientes patrones de comportamiento equivocados:

  • Tener una predisposición (en ocasiones) negativa para tratar a pacientes con poco dominio del castellano: la falta de tiempo del que disponen para pasar consultas; la frustración que les produce a algunos sanitarios el no entendimiento (incluso para tomar datos), que a veces desemboca en puro estrés; la búsqueda obligada de soluciones (no siempre adecuadas) para facilitar la comunicación; los estereotipos/prejuicios hacia la cultura del paciente (que muchas veces no es siquiera la que piensan), etc., son factores que condicionan, normalmente, el trato del personal sanitario hacia el paciente extranjero. Una predisposición negativa hacia el paciente, con independencia de los motivos que lleven a ella, puede traer importantes consecuencias, siendo la discriminación la más evidente. 

A modo anecdótico, me gustaría contaros que el otro día, estando yo en el hospital (como paciente, no como intérprete), vi que un enfermo intentaba comunicarse con los administrativos sin demasiado éxito. Percibí cierto enfado por parte del personal sanitario (creo que era, sobre todo, frustración), el clima allí se empezó a volver bastante tenso (me dio la impresión de que el paciente se sentía acorralado sin entender nada) y muchos de las personas en la sala de espera intervinieron en la situación con comentarios racistas del tipo "que aprenda español", "los de su cultura son todos unos aprovechados", y otros más desagradables que prefiero omitir directamente. Esas actitudes me pusieron más mala de lo que ya estaba.


  • Estereotipar a los pacientes extranjeros (por su nacionalidad, por la de los países vecinos o simplemente por la que parece más adecuada según sus rasgos): esto, aunque no lo parezca a simple vista, es extremadamente peligroso e influye de lleno en la predisposición de la que hablaba anteriormente. Así, llega un paciente del país X y ya solo por eso el personal sanitario espera, en muchos casos, que se comporte de una manera determinada: no siendo colaborador, no dejándose examinar, no llevando a cabo el tratamiento prescrito, incumpliendo la dieta recomendada, etc. Esto de esperar una conducta prácticamente impuesta condiciona la objetividad que merecen todos los pacientes. 

Imaginaos que llega una parturienta mexicana y que el médico que la atiende piensa que las mexicanas gritan mucho al dar a luz, por lo que ve totalmente normal que la parturienta se queje tan fuertemente. Sin embargo, en este caso el parto presenta algunas complicaciones y sus gritos tienen una razón de ser más allá del estereotipo con el que la ha cargado...


  • Creer que el lenguaje corporal es universal (y que soluciona cualquier problema comunicativo): por increíble que parezca, todavía está totalmente arraigada la absurda creencia de que con los gestos se entiende cualquiera, aunque sea para emitir un diagnóstico médico. Sin embargo, el lenguaje corporal no solo es diferente según el país, sino que también puede variar según la ciudad...

No os podéis hacer una idea de la gran cantidad de encuestados que respondió que usaba el lenguaje corporal para comunicarse con los pacientes. Me dio un pánico enorme pensar en las terribles consecuencias que podrían derivar de algo así.


  • Empeñarse en usar el inglés (lo hable el paciente o no lo hable): el inglés es la lengua puente por excelencia pero no todo el mundo es capaz de hablarla, nos guste o no. De hecho, muchos pacientes extranjeros tienen un nivel cultural tan bajo que son analfabetos en su propia lengua, ¿cómo se les va a pedir que entiendan otra? Además, no es lo mismo saber algo de inglés que tener el conocimiento adecuado como para desenvolverse en un ámbito tan especializado como el médico-sanitario.

A mí, personalmente, no me parece una buena idea eso de atender a los usuarios extranjeros en inglés porque no queda otra. Lo primero, habría que ver el inglés que habla el personal sanitario... y lo segundo, habría que ver el inglés que entiende el paciente... Quizá sea una práctica común, pero no por ello la más indicada.



Bueno, voy a ir cortando esta entrada hoy pero dejo varias cosas pendientes para una próxima porque, desafortunadamente, me quedan todavía más errores que comentar. No obstante, antes de acabar, quiero señalar una conclusión general de este primer post: aún queda mucho por hacer en materia de sensibilización/educación sobre la inmigración y los aspectos culturales. Así, el personal sanitario debería ser específicamente formado para tratar correctamente a los pacientes extranjeros puesto que no solo las vidas de los nacionales están en sus manos...

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